La noche fue cayendo, y me quedaba poco tiempo en la
habitación. Solos los tres, por fin, papi pudo calmarse, después de la ayuda de
la morfina; aflojaron las molestias.
Mientras, secábamos su cara del sudor frío, un le tomaba la
mano; y la otra le acariciaba el pelo.
Desde temprano me había encaprichado con la idea de contarle
cosas, que lo hagan pensar en cosas lindas, le contaba cosas que había hecho
Luna, junto a las hijas de Devora; o en la playa, o en el viaje de ida,
desesperadamente, le pedía que recordara cuando nadaba en mar abierto; cuando
nacimos Lucia y yo, le hablaba de los nenes; del casamiento de ellos.
Cuando logró tranquilizarse, nos quedamos sentadas; mamá y
yo, hablábamos, ya no recuerdo de sobre qué.
En un momento, miro fijamente su panza, tratando de percibir
su respiración. Mamá, ya venía viendo lo mismo, justo entraron los enfermeros,
en su cambio de guardia; que mal me sentía; mientras llegaba el médico un
espasmo y bilis… “Tienen unos minutos para despedirse, todavía no se fue”. Te
quiero mucho, y Lue también, alcancé a decirle al oído izquierda; creo que mamá
le hablaba al otro; o no, no sé.
Nos dejaron a los tres solos, le pedimos que nos cuide; nos
persignamos, pero no me salió ninguna oración, me costaba mucho recordarlas, no
tenían más sentido, pero quería recordarlas; por él, él creía, pero no me salían.
De pronto, no sé el aire cambió; fue como una oleada de amor
profundo; muy intenso, y mi papá tenía un hermosura especial, rara… serenidad?
Sentí que lo bueno fue, que se pudo ir tranquilo; y ya el cuerpo, ya no era él.
Que está al lado nuestro, con su espalda ancha, sus manos firmes.

